Es el salto quien te expone, te deja afuera, te desbarranca; es quien permite que puedas parir la criatura completa.
domingo, 20 de diciembre de 2015
lunes, 9 de noviembre de 2015
sábado, 7 de noviembre de 2015
"no se da paso a la luz sin romper el muro"
Rafael Barrett
No es
el parto la única forma de romper para salir
pero
coincide en la manera del organismo vivo
parásito
de otro como la enfermedad
que se
abre paso en el cuerpo ajeno y sale
también
lo hace la naturaleza
cuando desborda y arrasa
El
crecimiento
del extranjero
rebasa su territorio
rebasa su territorio
entonces ¿elegimos salir
o somos
bastardos deportados?
domingo, 20 de septiembre de 2015
El exilio no es posible
Porque
cumplimos
la
verdadera obligación
y
somos nuestro propio
Diosmadre
porque
caminar en la frontera
es
borrarla
y no nos
darán nada
nunca
Ya tenemos
permanecemos
porque no
hay adonde ir
Nos
llevamos puestos
el suelo
de la frontera
nos corta
los pies
pero sólo
desde el centro
podemos
ver para todos lados
lunes, 7 de septiembre de 2015
Miguel Hernández
I
Las cárceles se arrastran por la humedad del mundo,
van por la tenebrosa vía de los juzgados:
buscan a un hombre, buscan a un pueblo, lo persiguen,
lo absorben, se lo tragan.
No se ve, que se escucha la pena de metal,
el sollozo del hierro que atropellan y escupen:
el llanto de la espada puesta sobre los jueces
de cemento fangoso.
Allí, bajo la cárcel, la fábrica del llanto,
el telar de la lágrima que no ha de ser estéril,
el casco de los odios y de las esperanzas,
fabrican, tejen, hunden.
Cuando están las perdices más roncas y acopladas,
y el azul amoroso de las fuerzas expansivas,
un hombre hace memoria de la luz, de la tierra,
húmedamente negro.
Se da contra las piedras la libertad, el día,
el paso galopante de un hombre, la cabeza,
la boca con espuma, con decisión de espuma,
la libertad, un hombre.
Un hombre que cosecha y arroja todo el viento
desde su corazón donde crece un plumaje:
un hombre que es el mismo dentro de cada frío,
de cada calabozo.
Un hombre que ha soñado con las aguas del mar,
y destroza sus alas como un rayo amarrado,
y estremece las rejas, y se clava los dientes
en los dientes del trueno.
II
Aquí no se pelea por un buey desmayado,
sino por un caballo que ve pudrir sus crines,
y siente sus galopes debajo de los cascos
pudrirse airadamente.
Limpiad el salivazo que lleva en la mejilla,
y desencadenad el corazón del mundo,
y detened las fauces de las voraces cárceles
donde el sol retrocede.
La libertad se pudre desplumada en la lengua
de quienes son sus siervos más que sus poseedores.
Romped esas cadenas, y las otras que escucho
detrás de esos esclavos.
Esos que sólo buscan abandonar su cárcel,
su rincón, su cadena, no la de los demás.
Y en cuanto lo consiguen, descienden pluma a pluma,
enmohecen, se arrastran.
Son los encadenados por siempre desde siempre.
Ser libre es una cosa que sólo un hombre sabe:
sólo el hombre que advierto dentro de esa mazmorra
como si yo estuviera.
Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero.
Ata duro a ese hombre: no le atarás el alma.
Son muchas llaves, muchos cerrojos, injusticias:
no le atarás el alma.
Cadenas, sí: cadenas de sangre necesita.
Hierros venenosos, cálidos, sanguíneos eslabones,
nudos que no rechacen a los nudos siguientes
humanamente atados.
Un hombre aguarda dentro de un pozo sin remedio,
tenso, conmocionado, con la oreja aplicada.
Porque un pueblo ha gritado, ¡libertad!, vuela el cielo.
Y las cárceles vuelan.
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